Como se nos lleva a aceptar lo inadmisible
12, 24 de 2005-07-24 de 2005
En los USA mediante una campaña bien pensada se llevó a los americanos a mirar con otros ojos la homosexualidad
COMO SE NOS LLEVA A ACEPTAR LO INADMISIBLE
No se concluya de esto que desearía ver a todos los varones de América convertidos en otros tantos green berets, boinas verdes, de la guerra del Vietnam, y a su frente a John Wayne. Que según el rumor era un desviado. Y en la película afeaba a los vietnamitas la crueldad que mostraban matando americanos empleando malas artes, como si el napalm fuera artes buenas. Ya se sabe, el poderoso siempre tiene razón. Y en la propaganda no se trata de argumentar con lógica, sino de manejar a la gente. No predico la vuelta a John Wayne y sus green berets. Dicho esto váis a Google, escribís Charles W. Socarides y halláis decenas de páginas referidas a este Polaino americano. ¡Qué alivio, cuando alguien razona! En cuanto al cambio de mentalidad en los USA que ha llevado a la gente a ver como algo normal la homosexualidad, un día alguien dijo: “se les ha lavado el cerebro”. En efecto, hace años M.Kirk y H.Madsen publicaron un panfleto titulado: Cómo se conseguirá que los americanos dejen de temer a los homosexuales y de odiarlos. Con él como manual los activistas gay hicieron tragar a sus compatriottas lo intragable mediante las técnicas que R.J.Lifton había descrito en: La reforma del pensamiento y la psicología del totalitarismo: cómo en China se lavó el cerebro a los chinos. Kirk y Madsen animaban a los activistas del movimiento gay a que adoptasen la misma estrategia que se había usado para cambiar la cara política de la mayor nación del mundo. Si el método había dado resultado allá, también lo daría aquí. Sólo se necesitaba el dinero para comprar la cobertura de los medios de comunicación. Así se lo hizo. Se montó una campaña para radicalizar América mediante los llamados desensitization, jamming and conversion. Se empezaria por desensibilizar al público vendiéndoles la idea de que los gay eran “gente igual a otra cualquiera”. Engañando a la gente común, conservadora, se la llevaría a la indiferencia. Luego se la confundiría haciéndoles sentirse avergonzados y culpables de su reaccionarismo supuesto. K y M escribían: Las personas normales corrientes se avergüenzan cuando se dan cuenta de que no piensan, sienten o actúan igual que los demás del grupo. El truco consiste en despertar en el “reaccionario” un conflicto de íntima vergüenza cada vez que le aflore en la conciencia la reacción contraria a los homo. De ese modo la propaganda puede tildar de homófobos y homo odiantes a los “carcas” como unos perfectos bocazas. Se los puede mostrar como objeto de crítica, antipatía y rechazo. Se puede pintar a los gay como gente que sufre horriblemente a causa del antagonismo que despiertan, sufrimiento del que hasta los más resueltos “carcas” se avergonzarán de sentirse responsables. Lo mejor de la maniobra es que su víctima ni siquiera ha de tenerse por una criatura aborrecible: el efecto se consigue al margen de los hechos, la lógica o las pruebas. De la misma manera que la persona conservadora ha llegado a serlo a su pesar, mediante insistente condicionamiento emocional irracional, se puede alterar su conservadurismo, tanto si llega a percibir el ataque como si no. En resumen, el proceso tiene éxito en la medida en que inserta incluso el más leve atisbo de duda o vergüenza en la satisfacción incontaminada que antes se sentía con la rectitud previa del propio pensar. La acción será del todo eficaz si exponemos masivamente nuestro mensaje, pues de ello depende el éxito de todo lo demás. Por fin –y K y M lo llaman conversión- la gente en masa, incluso la más reticente, cambiará su visión de la homosexualidad “si al menos conseguimos que sientan simpatia por nosotros”. “La conversión se propone justamente esto –escribieron K y M- transformar las emociones, el pensamiento y la voluntad del americano medio por medio de un ataque psicológico planeado, bajo la forma de propaganda transmitida a la nación a través de los medios de comunicación.
COMO SE NOS LLEVA A ACEPTAR LO INADMISIBLE
No se concluya de esto que desearía ver a todos los varones de América convertidos en otros tantos green berets, boinas verdes, de la guerra del Vietnam, y a su frente a John Wayne. Que según el rumor era un desviado. Y en la película afeaba a los vietnamitas la crueldad que mostraban matando americanos empleando malas artes, como si el napalm fuera artes buenas. Ya se sabe, el poderoso siempre tiene razón. Y en la propaganda no se trata de argumentar con lógica, sino de manejar a la gente. No predico la vuelta a John Wayne y sus green berets. Dicho esto váis a Google, escribís Charles W. Socarides y halláis decenas de páginas referidas a este Polaino americano. ¡Qué alivio, cuando alguien razona! En cuanto al cambio de mentalidad en los USA que ha llevado a la gente a ver como algo normal la homosexualidad, un día alguien dijo: “se les ha lavado el cerebro”. En efecto, hace años M.Kirk y H.Madsen publicaron un panfleto titulado: Cómo se conseguirá que los americanos dejen de temer a los homosexuales y de odiarlos. Con él como manual los activistas gay hicieron tragar a sus compatriottas lo intragable mediante las técnicas que R.J.Lifton había descrito en: La reforma del pensamiento y la psicología del totalitarismo: cómo en China se lavó el cerebro a los chinos. Kirk y Madsen animaban a los activistas del movimiento gay a que adoptasen la misma estrategia que se había usado para cambiar la cara política de la mayor nación del mundo. Si el método había dado resultado allá, también lo daría aquí. Sólo se necesitaba el dinero para comprar la cobertura de los medios de comunicación. Así se lo hizo. Se montó una campaña para radicalizar América mediante los llamados desensitization, jamming and conversion. Se empezaria por desensibilizar al público vendiéndoles la idea de que los gay eran “gente igual a otra cualquiera”. Engañando a la gente común, conservadora, se la llevaría a la indiferencia. Luego se la confundiría haciéndoles sentirse avergonzados y culpables de su reaccionarismo supuesto. K y M escribían: Las personas normales corrientes se avergüenzan cuando se dan cuenta de que no piensan, sienten o actúan igual que los demás del grupo. El truco consiste en despertar en el “reaccionario” un conflicto de íntima vergüenza cada vez que le aflore en la conciencia la reacción contraria a los homo. De ese modo la propaganda puede tildar de homófobos y homo odiantes a los “carcas” como unos perfectos bocazas. Se los puede mostrar como objeto de crítica, antipatía y rechazo. Se puede pintar a los gay como gente que sufre horriblemente a causa del antagonismo que despiertan, sufrimiento del que hasta los más resueltos “carcas” se avergonzarán de sentirse responsables. Lo mejor de la maniobra es que su víctima ni siquiera ha de tenerse por una criatura aborrecible: el efecto se consigue al margen de los hechos, la lógica o las pruebas. De la misma manera que la persona conservadora ha llegado a serlo a su pesar, mediante insistente condicionamiento emocional irracional, se puede alterar su conservadurismo, tanto si llega a percibir el ataque como si no. En resumen, el proceso tiene éxito en la medida en que inserta incluso el más leve atisbo de duda o vergüenza en la satisfacción incontaminada que antes se sentía con la rectitud previa del propio pensar. La acción será del todo eficaz si exponemos masivamente nuestro mensaje, pues de ello depende el éxito de todo lo demás. Por fin –y K y M lo llaman conversión- la gente en masa, incluso la más reticente, cambiará su visión de la homosexualidad “si al menos conseguimos que sientan simpatia por nosotros”. “La conversión se propone justamente esto –escribieron K y M- transformar las emociones, el pensamiento y la voluntad del americano medio por medio de un ataque psicológico planeado, bajo la forma de propaganda transmitida a la nación a través de los medios de comunicación.
Bueno, acabo de encontrar tu blogy sinceramente ojala no lo hubiese hecho. Aun me parece "inadmisible" ver comentarios de este tipo en pleno siglo 21, pero bueno, seguro que lo achacas a que me han lavado el cerebro. Por cierto, tan documentados que parecen tus textos deberias saber algo: el homosexual nace, no se hace. Tengo poco mas que decir a una mente tan cerrada :S